Libros infantiles y cuentos para ninos | AP Hernandez
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Portada del libro Avenida Desesperación de A.P. Hernández, novela corta de terror, misterio y suspense
Avenida Desesperación: Novela Corta de Terror, Suspense y Misterio | A.P. Hernández

Avenida Desesperación

de A.P. Hernández (Autor)

📘 Tapa blanda Formato impreso
📱 Versión Kindle eBook digital
⭐ 19 valoraciones globales en Amazon

Si estás buscando una adictiva novela de terror corta, llena de misterio, intriga y matices emocionales, adéntrate en las páginas de Avenida Desesperación. Un thriller inquietante que explora los límites entre la vida y la muerte a través de una narración ágil y envolvente.

"Siempre persistirá en mi mente el sonido de las hojas muertas crujir bajo mis pies y aquella brizna de aire tibio que acarició mi rostro como manos invisibles. Caminé unos pasos y, simplemente, caí al suelo sin vida".

Este bien podría ser el final de una novela, pero en Avenida Desesperación, solo es el inicio. Con su fallecimiento, el protagonista queda atrapado en una especie de umbral, en algún lugar entre vivos y muertos. Su travesía lo conduce a su antiguo lugar de residencia y a reencontrarse con la que alguna vez fue su familia. Será entonces cuando comprenda lo mucho que ha cambiado y el grave peligro que la acecha.

Un thriller con ROMANCE, SUSPENSE Y MISTERIO.

Detalles del producto
  • Editorial: CreateSpace Independent Publishing Platform
  • ISBN-10: 1540893537
  • ISBN-13: 978-1540893536
  • Formatos: Tapa blanda / Versión Kindle
🛒 COMPRAR EN AMAZON (Tapa Blanda y Kindle)

Muestra de lectura en exclusiva

📖 Leer Capítulo 1: Hojas de otoño ▼
CAPÍTULO 1
—Hojas de otoño--
No sé cómo sucedió. Como comprenderás, es un asunto en el que he pensado mucho, pero a día de hoy, continúo sin comprender los motivos o razones que dieron lugar a tan fatídico desenlace. Era una tarde de otoño y me encontraba a las ocho de la tarde paseando a mi perrita Luna, una pastor alemán de tres años. Recuerdo que las primeras sombras del ocaso comenzaban a proyectarse por entre los árboles del parque municipal y, por supuesto, también recuerdo el manto de hojas marchitas que lo recubrían como una inmensa alfombra marrón. Luna trotaba a mi lado, jadeante, balanceando el rabo de izquierda a derecha con movimientos acompasados. Nos dirigíamos de vuelta a casa. Siempre persistirá en mi mente el sonido de las hojas muertas crujir bajo mis pies y aquella brizna de aire tibio que acarició mi rostro como manos invisibles. Caminé unos pasos y, simplemente, caí al suelo sin vida. Contemplé cómo Luna lamía mi mano y, poco después, mi rostro. Escuché el grito de una mujer al ver mi cuerpo y observé la congregación de personas que se arracimaron en torno a Luna y a mí. Finalmente, vi cómo una ambulancia llegó al parque municipal, cómo los médicos pedían a la muchedumbre que se apartara y cómo el médico rompía mi jersey a cuadros, auscultaba mi corazón e intentaba reanimarme con el desfibrilador. Todo en vano. Comprendí que estaba muerto y que no había vuelta atrás cuando los médicos anotaron la hora de la defunción en una hoja para después introducir mi cadáver en una bolsa amarilla que cerraron con cremallera. A Luna se la llevó un policía, tal vez con la intención de entregársela a algún familiar. El agente tuvo que arrastrarla. No quería irse. Mi perra comenzó a ladrar en dirección a la ambulancia, sin comprender qué sucedía. Poco después, la gente fue dispersándose y, transcurrida media hora, el parque estaba vacío. Yo permanecía inmóvil junto al lugar en el que había fallecido, arropado por las sombras de la noche. —¿Qué ha pasado? —fue lo primero que me pregunté—. ¿Y qué se supone que soy ahora? ¿Una especie de espíritu? Alcé mis manos y contemplé los arbustos a través de mi piel. Me agaché e intenté coger una hoja del suelo, pero no pude. Mis manos se hundieron en el humus sin tocar nada. —¿Y qué hago ahora? Tal vez en búsqueda de respuestas, comencé a caminar, acompañado de un horrible silencio. Ya no escuchaba el crujido de las hojas bajo mis pies.
📖 Leer Capítulo 2: Cuatro conclusiones ▼
CAPÍTULO 2
—Cuatro conclusiones--
Durante los días venideros tuve tiempo para pensar. No narraré aquí cómo fue mi entierro, ni tampoco la autopsia que el forense realizó a mi antigua carcasa, determinando que lo que había causado mi muerte fue un aneurisma cerebral. —Una enfermedad cerebrovascular que ningún médico detectó, que no manifestó síntoma alguno y que, por lo visto, me había acompañado durante muchos años. Una mañana, deambulando por ninguna parte, sentí la repentina necesidad de visitar a mi mujer e hija. Hacía años que me divorcié de Natalia y deseaba ver a mi pequeña. —¿Cuántos años tendrá Lorena? ¿27? ¿28? Ya ni lo sabía. Me mudé deliberadamente a la periferia de una remota ciudad con la intención de no volver a verlas, con la absurda pretensión de deshacerme de todo cuanto fueron y significaron para mí. —Pero no he podido... Y tal vez en la distancia su presencia ha sido más patente. En efecto, no pasó un solo día desde que me mudara sin pensar en ellas. Natalia, tras un matrimonio vacuo y lánguido, se fue con otro hombre. Lorena, al cumplir la mayoría de edad, también desapareció. Ya no había motivo para visitarme, para pasar un interminable fin de semana conmigo plagado de falsas sonrisas y conversaciones forzadas. Era un largo trayecto el que distaba hasta llegar al casco urbano, pero no me importó. Intuía que tiempo era precisamente lo que me sobraba. Durante mi travesía, comencé a familiarizarme con mi nuevo estado espiritual, sacando algunas conclusiones. La primera y más obvia era que no podía tocar nada, pues mi cuerpo atravesaba la materia. No obstante, si el objeto en cuestión era muy liviano, podía ejercer cierto influjo en él y moverlo. Llegué a tal determinación cuando, caminando por una acera, me topé con una bolsa de plástico. Le di un puntapié y, para mi sorpresa, se movió. «Aunque puede que fuera a causa de una corriente de aire». También comprendí que intentar mover objetos, aunque fueran algo tan insignificante como un hilo, drenaba mis fuerzas hasta el punto de dejarme exhausto. El segundo aspecto que determiné fue que era invisible. Lo comprendí al andar por una transitada calle. Nadie reparaba en mí y, si alguien miraba en dirección a mis ojos, realmente se centraba en algo que quedaba detrás de mí. La gente me atravesaba como aire. Todo sea dicho, mi nuevo estado me incitó en ciertas ocasiones a atravesar la puerta, ventana o, directamente, la pared de una vivienda y fisgonear allí en donde otros creían tener intimidad. Como digo, estuve tentado, pero no lo hice. Mi educación y ética no me lo permitieron. No deseaba ver a un matrimonio intimar en la cama ni escuchar las conversaciones privadas de los demás. La tercera conclusión a la que llegué fue la relativa a los rostros. A medida que pasaban los días, los rostros de las personas con las que me cruzaba se difuminaban. Ahora, al caminar por la calle, a duras penas puedo distinguir los rasgos de las transeúntes... Apenas un par de ojos y una sombra en el lugar en el que se supone que debían estar la nariz y boca. —He de llegar pronto al centro –me dije, apresurando el paso—. Si no lo hago, tal vez no pueda reconocer ni a mi hija... Por último, saqué en claro que ciertos animales advertían mi presencia. Para la sorpresa de muchos guionistas de cine, diré que los perros no tienen ningún sexto sentido para esto. ¡Cuántos perros me han traspasado sin reparar en mí! Sin embargo, con los pájaros y los gatos, la cosa cambia. Durante mi caminata al centro urbano hice un alto y me senté (o eso intenté) en el banco de un pequeño jardín. Al hacerlo, y a pesar de que no había nadie más, los gorriones que picoteaban migas de pan a mi lado, alzaron el vuelo. Sé que no es una prueba determinante, pero es algo. Así mismo, cuando un gato se cruza conmigo (y no es necesario que sea un gato negro), usualmente levanta la vista y me mira. A diferencia de las personas, los gatos no atraviesan mis ojos para mirar lo que sea que haya detrás. Me miran directamente.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata la novela de terror corta Avenida Desesperación?

La historia arranca con el fallecimiento del protagonista, quien queda en un umbral entre la vida y la muerte. Al buscar a su antigua familia, descubre cómo ha cambiado la realidad y la terrible amenaza que la acecha.

¿Qué géneros abarca esta lectura?

Es un thriller adictivo que combina elementos de terror, misterio, suspense y romance paranormal.

¿En qué formato está disponible?

Puedes adquirir la edición física en Tapa blanda o leerla digitalmente en formato Kindle a través de Amazon.

Reseñas de los lectores

Cliente Amazon
⭐⭐⭐⭐⭐
Lo leí de un tirón
Reseñado en España el 27 de diciembre de 2016 | Formato: Versión Kindle
Lo leí de un tirón, estás tan absorto en su lectura que, literalmente, te la "bebes", y tiene un sorprendente final. Lo recomiendo encarecidamente, es ameno y de prosa fácil, te sumerges en su lectura y te olvidas del mundo real.
Cliente de Amazon
⭐⭐⭐⭐⭐
Reseñado en México el 9 de noviembre de 2017 | Formato: Versión Kindle | Compra verificada
Este libro aunque es cortito me gustó la historia, sobre todo el tema de lo que es después de la muerte. También me dejó pensando y analizando mi vida.
Trixie Amundaraín Corona
⭐⭐⭐⭐⭐
CORTITO PERO ADICTIVO
Reseñado en Estados Unidos el 30 de noviembre de 2024 | Formato: Tapa blanda | Compra verificada
Compré este libro porque me llamó la atención la premisa, leí el primer capítulo que dan de muestra y quedé intrigada, no sabía lo que me iba a encontrar, empecé a leerlo y no paré hasta terminarlo, me gustó mucho mucho.
🛒 VER EL LIBRO EN AMAZON (TAPA BLANDA / KINDLE)

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