Libros infantiles y cuentos para ninos | AP Hernandez
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Portada del libro
Los días perdidos de Valentina - Novela Policiaca de Misterio y Crimen | A.P. Hernández

Los días perdidos de Valentina

de A.P. Hernández (Autor)

📘 Tapa blanda Edición impresa
📱 Versión Kindle Disponible en Unlimited

Si buscas una impactante novela policíaca de misterio y crimen cargada de tensión psicológica, investigación realista y dilemas morales, Los días perdidos de Valentina te sumergirá en un enigma donde nada es lo que parece. Acompaña al ex Inspector Lázaro del Río en un caso turbulento que te mantendrá en vilo hasta la última página.

Valentina: una adolescente que puso fin a su vida con un cúter.

Marta: una madre que no admite el atroz acto de su hija.

Ismael: un estudiante universitario que comienza a perder sus miedos.

Lázaro del Río: ex Inspector Jefe de Policía, expulsado e inhabilitado de por vida.

¿Qué hay tras el suicidio de Valentina?

Sigue la investigación de Lázaro del Río y conoce la verdad oculta tras su muerte.

Una novela policíaca de misterio y crimen. Un caso para el Inspector Lázaro del Río.

Detalles del producto
  • Autor: A.P. Hernández
  • Editorial: Independently published
  • ISBN-10: 1521893829
  • ISBN-13: 978-1521893821
  • Formatos disponibles: Tapa blanda y Versión Kindle (Kindle Unlimited)
  • Número de valoraciones: 10 valoraciones
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Muestra de lectura en exclusiva

📖 Leer Capítulo 1 ▼
—1--
Lázaro del Río ve la televisión. O al menos eso intenta. Después de mucho tiempo sin hacer absolutamente nada a excepción de subsistir a base de comida enlatada y cerveza barata, cree que encender el televisor de su casa puede ser un buen (y sencillo) modo de volver a mostrar interés por el mundo en el que aún vive. La pantalla se ilumina y Lázaro cierra los ojos, deslumbrado por el repentino fogonazo de luz. Desde que sucediera aquello, Lázaro no ha vuelto a salir a la calle. Le ha declarado la guerra al mundo exterior y ahora está firmemente convencido de no volver a poner un pie fuera de su dúplex de 200 metros cuadrados. Ahí tiene todo lo que necesita y, gracias a Internet, puede pagar las facturas de la luz y el agua y hacer la compra a domicilio. Lázaro se sienta en el sofá de la sala de estar y, aún con los ojos achinados, observa a la presentadora del telediario en su LG de 45 pulgadas y HD—Ready. Es guapa. Vaya si lo es. Morena, como a Lázaro le gustan, de ojos castaños y piel blanca. Se acomoda en el sofá y la escucha. Habla de una banda organizada especializada en el robo de vehículos de alta gama y alerta a los vecinos de un barrio de Madrid a extremar las precauciones. Lázaro respira, aliviado, aunque sabe que aún no está a salvo. Aguarda a la siguiente noticia. —Venga, Ojos Morenos, pórtate bien con Lázaro. La siguiente noticia es la agresión producida entre dos jóvenes en la salida de una discoteca. Explica la presentadora que los hechos ocurrieron a las tres de la madrugada cuando los jóvenes, de 19 y 22 años, abandonaron el local en evidente estado de embriaguez. Al salir, discutieron y se enzarzaron en una violenta pelea. Al parecer uno de los chicos tenía un cuchillo y apuñaló al otro, que se encuentra hospitalizado en estado grave. —El mundo está hecho una mierda –dice Lázaro. Y, que Dios lo perdone, no puede ser más feliz por ello. Aguarda a la siguiente noticia, cada vez más tranquilo. La presentadora habla de un incendio menor producido en un edificio. Afortunadamente, el incidente no ha causado ninguna muerte, tan solo dos heridos leves... Lázaro apaga el televisor. La ansiedad acumulada en su pecho se diluye, poco a poco. El ritmo de su corazón disminuye y se acompasa a su respiración. Por fin. Por fin Lázaro ha dejado de ser noticia... Aunque claro, ¿cuánto tiempo hace de aquello? ¿15 años? ¿16 años? No puede responder a esas preguntas. El tiempo dejó de tener sentido desde el momento en que entró en prisión. Y, por si fuera poco, tras cumplir su condena, ha vuelto a aprisionarse, aunque esta vez en su propia casa. Nada más entrar, Lázaro bajó las persianas y cerró la puerta principal con pestillo. —Como si alguien fuera a venir a visitarme –piensa—.¡Como si le importara a alguien lo más mínimo! Salió de la cárcel hace unas cuantas semanas (puede que meses) y muchas cosas han dejado de importarle. Para Lázaro, su vida también deja de tener sentido. ¿Qué futuro le aguarda, sumergido continuamente en aquella oscuridad, imposibilitado de salir, ni tan siquiera, al jardín de su casa? Lázaro sabe que, a pesar del tiempo transcurrido, sus hechos no han sido olvidados. Una clara evidencia es la pintada que hay en la fachada de su casa: PUTO ASESINO. También sabe que mudarse a otra ciudad no es una opción. Allá donde fuera, la gente lo reconocería: el que fuera Inspector Jefe del Cuerpo Nacional de Policía, Lázaro del Río, convertido, de la noche a la mañana, en asesino. Su foto fue portada (y durante varios días) de los principales periódicos internacionales. Fue titular de revistas y boletines en varios países. Sus actos resonaron en todos los idiomas y en todos los informativos del mundo. —Yo antes tenía una vida –dice, pensando en voz alta—, ahora no tengo nada. Lázaro no tiene familia, a excepción de su hermano mayor, quien desde lo ocurrido, no volvió a mantener contacto con él. —Nadie fue a visitarme a la cárcel... Y aquello es lo que más le duele. Nadie. Nadie se preocupó por él. —Estoy solo –comprende. Lázaro se pone en pie y se encamina hacia el frigorífico. Del pack ahorro de cervezas que compró hace unos días por Internet, ya solo quedan tres. Las coge del asa y vuelve a sentarse en el sofá con las latas en el regazo. Se bebe la primera en un suspiro, la estruja con su mano izquierda con una fuerza desmesurada y la lanza hacia el rincón de la sala de estar. Nunca había bebido, por el contrario, siempre fue un hombre abstemio. —Pero eso fue antes de convertirme en el monstruo que soy ahora. Y con aquel pensamiento, Lázaro se empina la segunda lata. Eructa sonoramente, la estruja y la lanza, esta vez, contra la puerta de la entrada. —¡Que os jodan a todos! –Le chilla a la soledad que lo envuelve, con las lágrimas resbalándole por las mejillas—. ¡Que os FOLLEN! ¡Era un asesino! ¡Era un puto violador!
📖 Leer Capítulo 2 ▼
—2--
Son las cuatro de la madrugada y Lázaro hace la compra por Internet. Mañana, a primera hora, se la llevarán a la puerta de su casa. Revisa su pedido final: 20 packs Maxi—Ahorro de cerveza, tres packs de refrescos azucarados, 30 pizzas congeladas de jamón y beicon, papel higiénico, 18 bolsas de patatas, 27 cafés fríos y 5 paquetes de cereales integrales. Clica en OK e introduce el número de su tarjeta de crédito. A continuación, vuelve a hacer clic en FINALIZAR COMPRA y, para su sorpresa, comprueba que la operación no puede ser realizada. Lázaro, temiéndose lo peor, accede con su DNI y contraseña a su banca privada online. Comprueba que tiene un saldo a favor de tan solo 121.45 €. Sus ojos se abren de par en par y se lleva las manos a la cabeza, atónito. Tanto tiempo en prisión le había hecho olvidar que no tenía trabajo ni ingresos. Fue expulsado del Cuerpo Nacional de Policía e inhabilitado de empleo y sueldo. Lázaro frunce el ceño. ¿Dónde se habían metido todos sus ahorros? Sin dudarlo, entra en su perfil de usuario, selecciona su cuenta corriente y clica en la opción VER MOVIMIENTOS DE ESTA CUENTA. Para su asombro, comprueba que no todo el mundo se había olvidado de él. Puede que ninguno de sus compañeros del cuerpo hubieran ido a visitarlo, puede que incluso su hermano no le hablara... ¡Pero había alguien que sí se había acordado periódicamente de él! —¡Menudos cabrones! La hipoteca de su casa. Se había olvidado de la maldita hipoteca. A final de cada mes había un saldo negativo de 490€ acompañado del concepto HIPOTECA VIVIENDA. La parte buena era que gracias a sus ahorros, el banco no le había embargado su casa. La parte mala, malísima, es que sus ahorros han desaparecido y que, además, todavía le quedan por pagar más de 40.000 € de la hipoteca. Antes, cuando era Inspector Jefe de Policía, hacer frente a una mensualidad de 490€ era algo sencillo, pero... ¿qué haría ahora? Lo último que quiere es que lo echen de su casa... —He de buscar un empleo... Pero descarta la idea rápidamente. Hay algo en él que se resiste a trabajar en algo que no tenga relación con la policía nacional. Al fin y al cabo, ha estado en el cuerpo casi toda su vida, desde que aprobara las pruebas de acceso con 19 años. La trayectoria de Lázaro fue brillante. Comenzó, como todos, siendo un simple policía en prácticas, para posteriormente pasar a ser un policía. Pero la cosa no quedó ahí. A diferencia de sus compañeros, Lázaro continuó ascendiendo: de policía, pasó a oficial, luego a subinspector, inspector alumno (de primer y segundo año), inspector alumno en prácticas, inspector y, finalmente, inspector jefe. El cargo de inspector jefe era un elevado escalafón, sin duda, pero Lázaro sabe que, de no haber cometido aquella estupidez, habría llegado a ser comisario. —¿Y ahora qué? —se pregunta, observando la pila de latas de cerveza acumuladas en el rincón de la sala de estar—. ¿Se supone que debo buscar empleo como camarero o dependiente de una tienda? La sola idea le hace esbozar una mueca hosca. Lázaro no tiene nada en contra de los camareros, ni tampoco en contra de los dependientes de tienda. El verdadero motivo por el que se resiste a buscar un empleo es que todavía se cree un policía. A pesar de haber sido expulsado del cuerpo hace años, Lázaro, en su interior, continúa comportándose, actuando y sintiéndose como un policía. —Siempre seré Inspector Jefe –le dice a su reflejo proyectado en la pantalla apagada del televisor—. Y un Inspector Jefe lo es a tiempo completo. Lázaro se contempla; apenas puede reconocerse a sí mismo. Ve a un hombre alto, delgado y de ojos negros. Tiene el pelo desarrapado y el tatuaje de una serpiente reptándole desde su pezón izquierdo hasta el cuello. Lázaro se levanta del sofá y se dirige a la segunda planta de su dúplex. Está cansado, y su forma física ha empeorado sobremanera desde que saliera de la cárcel. En prisión, al menos, hacía pesas diariamente con el resto de reclusos. Pero en su casa, el único ejercicio que realiza es el de arrastrar los pies del retrete al sofá, y del sofá al dormitorio (y esto último cuando no se queda dormido en el sofá). Sube los escalones con cierta fatiga y anadea hasta su dormitorio. Sin titubear, abre el primer cajón. Comprueba, con asombro, que aún está ahí. Apenas puede creerlo. Lázaro coge su ya antiguo y caducado carné profesional. Observa, con una mezcla de amor y nostalgia, el escudo nacional. —Solo me queda esto –susurra, leyendo su antiguo número de identificación del cuerpo—. Solo esto... Agotado del esfuerzo de subir las escaleras, y también sin duda a causa del alcohol ingerido, Lázaro su tumba en su cama. Duerme aferrado a su carné.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata Los días perdidos de Valentina?

Es una adictiva novela policíaca de misterio y crimen que indaga en las oscuras circunstancias tras la muerte de la joven Valentina a través de los ojos del ex Inspector Lázaro del Río.

¿En qué formatos se puede adquirir?

Está disponible en edición impresa de Tapa blanda y en versión digital eBook Kindle (disponible también en Kindle Unlimited) a través de Amazon.

¿Se puede leer en Kindle Unlimited?

Sí, está disponible sin coste adicional para todos los suscriptores del servicio Kindle Unlimited.

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